
Esto es lo más bonito de Johannesburgo. Vas con el coche y de repente ves esa especie de castillo y unas casitas con aire antiguo, las luces... y piensas, "hombre, por fin, algo tenía que tener la ciudad, esto ya me va gustando más", pero entonces preguntas que qué es exactamente eso y uno de los becarios que ya lleva aquí un tiempo -y que tan bien se están portando con nosotros, no sé dónde estaríamos si no fuera por ellos- te dice: "Ah, sí, eso es un centro comercial. Todo de cartón piedra". Por supuesto, de piedra te quedas tú y tus últimas esperanzas desaparecen definitivamente. Es entonces cuando empiezas a pensar a qué curso te vas a apuntar para pasar las tardes.
Tengo que admitir que la idea del centro comercial imitación a un pueblecito italiano no es mala. Es decir, ya que haces un centro comercial, que sea original y bonito, uno de esos en los que pasas toda la tarde de domingo de buena gana, pero lo cierto es que si lo piensas un poco, todo te resulta demasiado artificial.
El centro es, efectivamente, como un pequeño pueblecito. Una vez que has dejado el coche después de recorrerte tres plantas del parking porque está lleno a rebosar, te acercas a la entrada propiamente dicha donde un señor y una señorita, muy majos ellos, te pasan el detector de metales, no te haya dado por llevarte el rifle de paseo -si así fuera tampoco habría ningún problema; simplemente, un cartelito te explica que por favor dejes las armas en una oficina creada a tal efecto-.
Cuando ya estás dentro, el efecto 'cielo de tarde luminosa en la Toscana' te deja alucinado, más que nada porque cuando tú entraste ya era de noche en Johannesburgo (aquí anochece a las 6.30 de la tarde). Luego empiezas a caminar por sus callecitas empedradas, con farolas, fuentes, terracitas, tiendas, puestos de perritos... Indescriptible. Y lo mejor de todo es que este sitio es famoso por el gran casino que tiene. Allí había miles de máquinas tragaperras, con cientos de personas jugando, y luego los típicos juegos de mesa, apuestas y demás. Por supuesto, hacer fotos prohibidísimo. Quien lo intentó, tuvo que borrarlas en presencia del 'segurata'.
En fin, todo un mundo el de Monte Casino. Seguro que sigue dando que hablar, así que ya iré escribiendo y colgando fotos.

Es evidente que cuando la propaganda internacional pone su maquinaria a funcionar, nuestra percepción del mundo poco tiene que ver con la realidad.
ResponderEliminarResulta que la Sudáfrica del apartheid era un lugar terrible, donde los blancos eran personas y los negros eran negros y, como tales, debían vivir lejos de las personas.
Pero llegó Nelson Mandela y zas! de un plumazo todos iguales, hermanos y maravillosos. O al menos eso nos dijeron.
Pero resulta que los barrios de los negros siguen siendo barrios de negros, siguen estando vigilados y siguen estando alejados de los blancos que, dicho sea de paso, son los únicos que siguen siendo personas y, por eso, hasta los negros más civilizados (los que trabajan para blancos, se sobreentiende) te recomiendan que no te inmiscuyas en territorios de negros, como puede ser, por ejemplo, un autobús de línea.
Y para que todo sea muy occidental, centros comerciales a porrillo y, a ser posible, con referencias a la tradición y la cultura europea, que dicho sea de paso es la única cultura existente (con permiso del cultural cine estadounidense).
Y llegará el Mundial de Sudáfrica y nos bombardearán a reportajes sobre lo magnífica que es Sudáfrica, lo bien que viven todos y lo bien que se llevan los blancos y los negritos.
Lo que la propaganda internacional no explica es que, más allá de gobiernos, de leyes segreguecionistas o de líderes de la igualdad, la sociedad (la de todo el mundo, independientemente de países o culturas) sigue adoleciendo del mayor cáncer que nos amenaza, y que es el clasismo. Un mal que, dicho sea de paso, será difícil de erradicar, ya que los que viven en los chalets será difícil que se vayan a vivir a los barrios de negros y de éstos, los que sean ricos preferirán vivir en barrios de blancos y los que sean pobres se empeñarán en robar a los blancos y ricos pobres, aunque sólo sea para reafirmar su condición de clase oprimida o, cuanto menos, desfavorecida.
En fin, sigue actualizando este blog para que podamos conocer más detalles de un país que no es como nos lo habían contado (como tampoco lo es el Afganistán pos-talibán o la China socialfascista).
No sé dónde leí que el acuerdo de la transición sudafricana fue algo así como que los blancos se quedaban con el poderío económico y a cambio los negros se hacían con el poder político.
ResponderEliminarPero bueno, yo creo que hay que darle muucho más tiempo al país. Aunque es verdad que esto no es la panace, no hay que olvidarse que hace sólo 14 año había blancos y negros que no habían cruzado una palabra con la otra raza, no se veían, no usaban los mismos autobuses, vivían en sitios distintos, no iban a los mismos colegios. En fin, aunque los problemas son enormes, el avance ha sido brutal.
Ohhh!!! La Toscana... Está muy bien, yo creo que mejor que el centro comercial Plaza Norte II, Que no se sabe muy bien qué esa cúpula que ves a lo lejos, alguien puede pensar que mola, la Cúpula de Madrid creo que la hace llamar su creador para darle caché, pero luego ya por dentro terminas de fliparlo. Es muy hortera, así que disfruta de los castillitos de cartón piedra. La putada es lo de las fotos, y lo de los rifles, seguro que a más de uno se le tuerce el morro al quitarle las armas, o qué?? Muy fuerte. Auro, disfruta mucho!!! Ánimo!!!
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